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Noticias sobre situaciones de crisis que habitualmente no ocupan espacio en los medios de comunicación20/09/08 Ante el día internacional de la paz, cáritas mantiene su compromiso con las víctimas de conflictosEl próximo 21 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Paz, una efemérides establecida por las Naciones Unidas en 1981 como una observancia anual por la no violencia y el cese de hostilidades. Este año, en el que se conmemora el sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, brinda la oportunidad de destacar la relación crucial que existe entre la paz y los derechos humanos, que se reconocen cada vez más como inseparables. De Georgia a Colombia, de Darfur (Sudán) a Sri Lanka, de Oriente Medio a la República Democrática del Congo, Cáritas Española apoya a sus contrapartes en muchos países donde la acción social de la Iglesia se extiende hacia las víctimas de los conflictos, proporcionando ayuda de emergencia mientras dura la inseguridad y, una vez que han callado las armas, ayudando a la gente a rehabilitar sus vidas a largo plazo y a construir nuevas relaciones basadas en la paz y la reconciliación. Según datos recientes de Cáritas Internacional, durante los últimos seis años 4 millones de personas (el 90 por ciento población civil) han muerto en guerras de distinto tipo. Actualmente hay en el mundo 36 conflictos violentos abiertos (entre los cuales cuatro acaban de concluir recientemente) que han hecho aumentar la gran masa de 18 millones de desplazados y 24 millones de desplazados internos, una cifra que representa el doble de la de 1985. Diversos estudios muestran también que un 92 por ciento de las guerras que concluyen lo hacen por negociación, por lo que el gran reto está en negociar, no en batallar, y también en hacer que la paz sea sostenible, ya que una gran parte de los países pobres atrapados en una guerra civil corren el riesgo de volver a recaer en el conflicto una vez que las hostilidades han concluido de forma oficial. Conflicto y desarrollo, enemigos mortales Según Cáritas Internacional, durante los últimos quince años las guerras civiles que han asolado distintas partes del mundo han surgido, sobre todo, por cuestiones de identidad, no tanto por ambiciones territoriales como ocurrió en otras épocas de la historia. Así ha sucedido en muchas partes de África, en los Balcanes, en Indonesia y en muchos otros rincones del mundo donde la mayoría de las víctimas son civiles. Unos pierden sus vidas y los que sobreviven se hunden en la pobreza, como señala un reciente informe de Naciones Unidas que afirma que el conflicto y el desarrollo son enemigos mortales. En el continente americano tiene lugar la guerra de mayor duración de nuestro tiempo, en Colombia. Durante los casi 40 años de guerra civil –que ha causado una gran crisis social y graves violaciones de los derechos humanos- la Iglesia ha desempeñado un papel de mediación de primer orden, y también de acompañamiento a la población desplazada, que ronda los tres millones, de los cuales el 80% vive en la extrema pobreza. Cáritas Española apoya a la Cáritas Colombiana desde 1982. Además de programas de vivienda, agua, seguridad alimentaria y formación de líderes en temas de paz, Cáritas Española ha apoyado la campaña “Colombia. La paz es posible”, en la que se han facilitado encuentros entre los responsables de Cáritas Colombia y algunas instituciones del gobierno español y de la Unión Europea. Aunque en Bolivia no hay una guerra declarada sí tienen lugar fuertes tensiones sociales y polarizaciones que en las últimas semanas han causado enfrentamientos violentos con víctimas mortales en el Oriente del país. La Iglesia boliviana –que tiene el respeto de las partes y de la población -ha ofrecido sus buenos oficios como mediara para un diálogo político. Cáritas Española colabora con programas de seguridad alimentaria, desarrollo de unidades productivas destinadas a Comercio Justo y ayuda legal a familias campesinas que buscan legalizar la propiedad de sus tierras, uno de los elementos que son causa del conflicto. En otros países de América Latina subsisten o se han dado en años recientes otras situaciones parecidas de conflictos políticos y sociales en los que la Iglesia ha intervenido para ayudar a las poblaciones más vulnerables. Este es el caso de Brasil, donde la Cáritas de este país –con apoyo de su contraparte española- se ha distinguido por su defensa de los derechos de los campesinos sin tierra y de los pueblos indígenas, particularmente en el reciente caso de Raposa Terra do Sol. Asimismo, desde Cáritas Española se ha ayudado también a los desplazados de Chiapas, en el sur de México, y a la gente más pobre de Haití, país azotado periódicamente no sólo por catástrofes naturales sino también por fuertes tensiones políticas. En Asia, Cáritas Española apoya a su contraparte de Sri Lanka en un programa de reconstrucción de comunidades afectadas por el tsunami de diciembre de 2004, que se cobró 30.000 vidas en este país. La Iglesia lleva a cabo programas de emergencia y rehabilitación es en las regiones norteñas de mayoría tamil, Jaffna y Trincomalee, afectadas por el conflicto que empezó en 1983 y que se ha cobrado ya 70.000 vidas. Los desplazamientos de la población (4000.000), la dificultad de accesibilidad y el incremento de los precios de los materiales han puesto a prueba estos programas, sobre todo después de la ruptura a primeros de este año del proceso de paz que se desarrolló durante 2007. A pesar de todo, Cáritas ha reconstruido 7.500 viviendas además de numerosos locales comunitarios como escuelas y centros de salud, y sus esfuerzos continúan en estas zonas en conflicto, donde la Iglesia realiza su acción social en comunidades donde coexisten cristianos, musulmanes, hinduistas y budistas. Uno de los conflictos recientemente concluidos por medio de una negociación fue el de la provincia de Aceh (norte de la isla de Sumatra) en Indonesia, donde el grupo armado de oposición GAM se rebeló contra el gobierno en 1976. La guerra, que causó 15.000 muertos, tomó un giro inesperado cuando pocos días después del tsunami (que en Indonesia causó 170.000 muertos) el gobierno y el GAM entablaron una nueva ronda de negociaciones que concluyeron con firma de un acuerdo de paz en agosto de 2005. En esta región Cáritas Española apoya un programa psicosocial de recuperación de traumas dirigido a niños, sobre todo huérfanos, que han sufrido como consecuencia de los largos años de guerra y del tsunami que destruyó sus comunidades. Estas sesiones utilizan mucho la música y los bailes tradicionales para que los niños recuperen su cultura. Pakistán es país de cruce de fuegos y de violencia interétnica. En este contexto, la contribución de Cáritas Española es apoyar a la Cáritas local en el desarrollo de la educación no formal en todo el país. Europa, Oriente Medio y África En el Este de Europa, cuando empezó la reciente guerra en Georgia las Cáritas de este país y de la vecina Rusia, a pesar de sus modestos medios respondieron proporcionando cobijo, alimentos y asistencia médica de emergencia a varios miles de personas que se vieron forzadas a abandonar sus hogares durante el comienzo de las hostilidades. Cáritas Española prestó su apoyó sin demora con el envío de fondos para sostener esta iniciativa. Asimismo, desde hace varios años colabora con sus contrapartes locales en la región de los Balcanes (Serbia y Kosovo), especialmente en programas de reconciliación y desarrollo de resolución de conflictos destinados a la población civil y con especial énfasis con los jóvenes en zonas de mezcla de diversos grupos étnicos. También impulsa la atención sanitaria destinada a los grupos más desfavorecidos, como ancianos y población rural, y en la región caucásica forma parte del Grupo de Trabajo de Chechenia. La colaboración de Cáritas Española en Oriente Medio tiene una larga historia. Ha apoyado la labor de la Iglesia en Líbano en su programa de emergencia humanitaria a favor de las poblaciones afectadas por la violencia en el campo de refugiados palestinos cerca de la ciudad norteña de Trípoli. También colabora con Cáritas Irak en sus centros de salud que atienden a personas muy castigadas por las duras condiciones de vida y con Cáritas Jerusalén que, además de ayudar a las poblaciones más vulnerables con asistencia sanitaria y de emergencia, organiza campos donde niños israelíes y palestinos se encuentran juntos. Africa sigue siendo el continente más castigado por los conflictos bélicos, con el agravante de que junto con las guerras abiertas se dan bastantes situaciones de países en los que, sin existir enfrentamientos armados oficiales, subsisten fuertes tensiones políticas o étnicas que mantienen a millones de personas en la pobreza más absoluta. A esto se suma el olvido en el que estas situaciones suelen sufrir por parte de los medios de comunicación y de las agendas de organismos internacionales. Cáritas Española apoya a su contraparte de Somalia en el centro de salud de Baidoa (al oeste de la capital Mogadiscio), del que se benefician unas 5.000 personas. También contribuyó a la emergencia de principios de año en Kenia, cuando miles de personas huyeron de sus hogares a consecuencia de la violencia étnica que siguió a las elecciones. En Sudán, el conflicto de la región de Darfur ha causado desde febrero de 2003 una crisis humanitaria de gran envergadura con 300.000 muertos y más de dos millones y medio de desplazados internos más 200.000 refugiados en el vecino Chad, donde hay también un conflicto abierto –ligado al de Darfur- entre el gobierno y varios grupos rebeldes y donde la Cáritas de este país gestiona uno de los campos de refugiados. Cáritas Española ha intervenido en esta emergencia con el apoyo a través de la Red Cáritas a refugiados en Darfur. También se ayuda a las diócesis de Torit, Rumbek y Yei en el sur del país, que desde enero de 2005 vive una frágil paz tras la firma del acuerdo que puso fin a más de 30 años de una guerra que costó la vida a más de dos millones de personas. Uno de los proyectos de este programa es la educación para la paz entre los refugiados sudaneses que aún viven en la vecina Uganda, muchos de los cuales aún van y vienen de un país a otro. Uno de los problemas que suelen aflorar en los conflictos de África es la posibilidad de una recaída en la guerra una vez que se firman los acuerdos de paz. Así ha ocurrido durante los últimos meses en el Este de la República Democrática del Congo, donde miles de personas han vuelto a huir de sus casas en las regiones del Kivu como consecuencia de los ataques de bandas armadas. En esta zona Cáritas Española ha tenido numerosas intervenciones humanitarias desde que empezó la crisis en 1994. No hay que olvidar que la guerra que empezó en el Kivu en 1996 terminó arrastrando a ocho países africanos y causó la muerte de tres millones de personas. Actualmente Cáritas Española apoya proyectos de construcción de aulas en Bukavu, que benefician a niños que por sus condiciones de extrema pobreza no tienen acceso a la educación. En Níger, la guerrilla Tuareg que se extiende entre las fronteras de Malí, Níger y Argelia ha provocado el éxodo de la población hacia la ciudad de Agadez, donde Cáritas la atiende con un programa de asistencia. El último país africano que ha puesto fin a una larga guerra civil (desde 1993) es Burundi. Un acuerdo total de paz y desarme se firmó a finales de mayo con el último grupo rebelde de este país, el FNL, tras varios meses de incertidumbre y enfrentamientos armados. Ya anteriormente, los acuerdos de paz con el principal grupo guerrillero en 2003 facilitaron un lento retorno del casi un millón de refugiados burundeses desde la vecina Tanzania. Cáritas Española apoya un programa de reintegración social y económica de varios miles de estos retornados en la provincia de Ruyigi.
01/09/08 Cáritas presta ayuda humanitaria en India y Haití a miles de damnificados por las recientes catástrofes naturalesLa red internacional de Cáritas vuelve a enfrentarse a los devastadores efectos de la naturaleza en India y Haití, donde cientos de miles de personas han perdido en los últimos días sus hogares y sus cosechas. En India, dos millones y medio de personas han sido evacuadas de sus hogares como consecuencia de las lluvias monzónicas que han inundado regiones enteras del centro y norte del Estado de Bihar. Mientras, en Haití, la tormenta tropical “Gustav” ha arrasado buena parte de la isla y ha provocado la evacuación de cuatro mil afectados. En ambos países, las Cáritas locales han activado sendos planes de respuesta a la emergencia para atender las necesidades de los damnificados más vulnerables. Petición de ayuda de Cáritas India La Cáritas India acaba de lanzar un llamamiento urgente de ayuda a la red internacional de Cáritas por importe de cinco millones de dólares, al que Cáritas Española ha respondido con una aportación inicial de 100.000 euros. Según los datos facilitados por Cáritas India, el desbordamiento del río Koshi ha anegado los distritos de Supaul, Saharsa, Madhepura, Katihar y Pernea. “Hemos hecho una visita de inspección a Madhepura –señala Cáritas India en un informe urgente de situación sobre la emergencia— y la situación es crítica. La región tiene una población de 1.400.000 personas y el Gobierno está evacuando a un número estimado de 1.300.000 afectados por la subida de las aguas”. “Hemos visto colas interminables de gente y de ganado –añade el informe— caminando a lo largo de kilómetros por la única carretera que todavía no ha sido cortada, pero la situación tiene todos los visos de empeorar, ya que las lluvias persisten y es muy probable que toda la zona quede aislada si el agua corta también esta vía de acceso”. 25.000 personas sin agua en Haití En Haití, por su parte, la Cáritas local confirma que el paso de la tormenta tropical “Gustav” ha causado grandes daños en viviendas, infraestructuras y agricultura. Unas 4.000 personas han sido evacuadas de las zonas más afectadas y se estima que otras 25.000 se han quedado sin acceso al agua potable. Esta nueva catástrofe natural golpea a un país especialmente vulnerable, que en los últimos meses venía afrontando una grave crisis de alimentos, a la que Cáritas Española acababa de responder con una partida de sus fondos de emergencia por valor de 100.000 euros. La Cáritas Haitiana está procediendo a una evaluación urgente de las necesidades prioritarias de los damnificados con objeto de lanzar en los próximos días una petición de ayuda a la red internacional para responder a la emergencia. Cáritas Española ha anunciado ya su intención de apoyar ese llamamiento de ayuda.
26/08/08 “Operación esperanza” de cáritas en Kenia, para curar las heridas del traumaCuando las crisis desaparecen de las portadas de los periódicos o de las pantallas de televisión, organizaciones como Cáritas siguen trabajando a largo plazo para rehabilitar a las víctimas. Además de repartir víveres y reconstruir casas hay que ayudar a la gente a superar los traumas profundos causados por la violencia. Este es el caso de Kenia, donde más de mil personas murieron durante la oleada de violencia que siguió a las elecciones del 27 de diciembre del año pasado. Hubo también 300.000 desplazados internos. Las protestas sobre los disputados resultados de los comicios presidenciales que enfrentó al presidente Mwai Kibaki y a su opositor Raila odinga tuvieron un carácter político en la superficie, pero debajo había un problema de fondo de tensiones étnicas –sobre todo entre Kikuyus y Lúos- azuzadas por la pobreza y la marginación que sufre una gran parte de la población de este país de África del Este. Cáritas respondió con ayuda de emergencia como reparto de alimentos, alojamiento temporal y ayuda médica a los afectados, y con acciones reivindicativas dentro y fuera de Kenia. El primer llamamiento fue para atender a 30.000 personas en las provincias de Rift Valley, Nyanza y Western. En mayo, ya con las aguas más calmadas después del acuerdo alcanzado con mediación internacional en marzo entre ambos líderes políticos, Cáritas lanzó otra campaña para una rehabilitación más a largo plazo para beneficiar a 25.000 personas directamente – y a otras 150.000 indirectamente- para su reasentamiento. Una de estas iniciativas, puesta en marcha por la Cáritas local en el arrabal de Kibera es la “Operación Esperanza”, un programa de terapia para víctimas que han sufrido trauma a causa de la violencia. Los míseros “slums” de Nairobi, donde 3 millones de personas viven hacinadas en apenas el 5% de la superficie de la capital, fueron algunos de los escenarios de los peores episodios de matanzas y ataques incendiarios. La coordinadora de “Operación Esperanza”, Rosemary Wanjala, de 32 años, explica: “En nuestra cultura la gente no expresa sus emociones o llora, quizás porque no quiere que los niños lo vean, pero cuando empezamos este proyecto nos dimos cuenta de que la gente necesitaba hablar y compartir lo que llevaban dentro”. La “Operación Esperanza” se ha centrado mucho en los jóvenes, que han sido los que han sido más manipulados por algunos líderes políticos para perpetrar ataques a grupos rivales. Como afirma Wanjala “cuando les organizamos en grupos con camisetas con mensajes de paz la gente se identificó con ellos”. Una de las personas que dirigen estas terapias de “counseling”, Susan Buyukah, está convencida de que en épocas de crisis “una vez que el estómago está satisfecho puedes entrar en la mente de las personas. Cuando las víctimas de la violencia empezaron a contar sus historias y a llorar yo les animé para que lo hicieran, porque es una buena manera de dar salida a las emociones. Podías ver en las caras de muchos de ellos que estaban deprimidos, viviendo en ninguna parte. Cuando pasan por esta terapia pueden hacer opciones personales que les ayuda a rehacer sus vidas”. “Encontré a un hombre que había sido herido de bala –continúa Susan- le pregunté qué haría si se encontrara con el policía que le había disparado y me respondió que le mataría. Le seguí el hilo y le pregunté que cómo lo haría. ¿Tal vez a pedradas? El hombre tenía una gran ira dentro de él porque estaba sufriendo mucho y al final como no sabía cómo matar vio otra opción delante de él y acabó diciendo que le perdonaría”. Lillian Sirena, madre de dos hijos, es una de las personas que acudió a estas sesiones de counseling. “Cuando llegamos al centro de Cáritas esperábamos que nos iban a repartir comida gratis, pero nos dieron consuelo y nos escucharon”. “Soy madre soltera y dependo de mi trabajo para vivir. Tenía una pequeña tienda en la que vendía ropa de segunda mano y tuve que presenciar cómo la quemaban. No me lo pude creer. Me quedé sin nada. Tengo amigos a los que mataron. Nunca olvidaré lo que vi aquellos días. Si no hubiera tenido un sitio donde me escucharon no sé qué habría sido de mí. Tenía tantos pensamientos negativos que me di cuenta que me estaba haciendo daño a mí misma y a mis hijos. Después de ir al centro de counseling me resulta más fácil rehacer mi vida. Aún tengo sentimientos de amargura, pero la salida a todo esto es el amor y la paz”.
21/08/08 Cáritas Española y las crisis olvidadas. El caso de Abyei (Sudán)Una de las prioridades de Cáritas Española son las “crisis olvidadas”, que no suelen salir en los medios de comunicación al tener lugar en algunos de los rincones más remotos del mundo donde raramente llegan periodistas o políticos de importancia. La falta de información hace que estas guerras sean de difícil comprensión o no tengan visibilidad. La consecuencia es una falta de atención y de recursos para ayudar a las muchas personas que las sufren con virulencia y durante mucho tiempo, porque estos conflictos suelen durar décadas, e incluso reiniciarse al cabo de poco tiempo cuando por fin se firma un acuerdo de paz. Este es el caso de Abyei, en el sur de Sudán, una conflictiva región a la que Cáritas Española acaba de enviar 100.000 euros para ayudar a 113.000 desplazados, que corresponden a algo más de 21.000 familias. Este fondo será gestionado conjuntamente por Cáritas de Sudán del Sur y el CEAS, una organización caritativa ecuménica. Desde hace más de diez años instituciones católicas y protestantes trabajan conjuntamente en el sur de Sudán para organizar ayudas humanitarias. Durante los próximos nueve meses, ambas organizaciones usarán este dinero en perforar diez pozos, formar a comunidades de la diócesis de Wau en la prevención de las enfermedades más comunes en la región, y distribuir kits que comprenden desde mantas, bidones y mosquiteras, hasta instrumentos agrícolas y semillas. Sudán es el país más grande de África y tiene enormes diferencias entre el norte árabe y musulmán y el sur mayoritariamente negro y cristiano o animista. Cuando el país llegó a su independencia en 1957 estalló la guerra en el sur, hasta que un acuerdo de paz en 1972 puso fin a las hostilidades. Sin embargo, con la introducción de la Ley Islámica (Sharia) en 1983 empezó una nueva guerra entre los rebeldes sudistas del SPLA y el gobierno de Jartum y que según distintas estimaciones causó al menos dos millones de muertos. El descubrimiento de enormes yacimientos de petróleo en el sur exacerbó la guerra, y provocó el bombardeo de poblaciones rurales para expulsarlas de sus tierras, pero fue también un factor que provocó una gran presión internacional para que ambas partes negociaran durante varios años y firmaran un acuerdo de paz, en Naivasha (Kenia) en enero de 2005. Desde esa fecha el sur –que debería beneficiarse de la mitad de los ingresos por el petróleo- goza de una cierta autonomía y está gobernado por el SPLA. Mientras la gente intenta reconstruir sus vidas en medio de una frágil paz, para el año 2011 está previsto un referéndum para decidir si el sur desea la secesión. Mientras tanto, al mismo tiempo que cientos de miles de personas intentan volver a sus hogares después de muchos años de exilio o desplazamiento interno, la frágil paz se ha roto en varias ocasiones, especialmente en la región petrolífera de Abyei, donde combates muy encarnizados dejaron cientos de muertos en Mayo de este año, provocando una nueva oleada de desplazados, que son los beneficiarios de este envío de Cáritas Española. La ciudad de Abyei quedó completamente destruida. La tragedia de la también región sudanesa de Darfur, que tiene mucha más cobertura mediática, ha eclipsado esta otra urgencia humanitaria. Cáritas Española ha trabajado durante varios años en zonas del sur de Sudán, particularmente en la diócesis de Torit, donde funciona el hospital de Isoke construido en gran parte por fondos enviados a principios de los 2000.
20/08/08 Cáritas Española envía 100.000 euros para refugiados de Darfur en ChadCien mil euros es una cantidad importante si los posee una sola persona. Pero ¿alcanzaría este dinero para cubrir las necesidades de 80.000 seres humanos? Cáritas Chad cree que sí. Con esta suma, que acaba de recibir de Cáritas Española, garantizará de aquí a noviembre la ayuda humanitaria para cubrir las necesidades más básicas de varios miles de personas afectadas por el conflicto de Darfur (en Sudán) que se encuentran en el vecino país saheliano. Esta financiación está dirigida a 50.000 refugiados y también a otras 25.000 de la población local de acogida, para la cual recibir una afluencia de refugiados supone una carga adicional. El uso de estos 100.000 euros se distribuirá entre actividades tan variopintas como: construcción de pozos y letrinas, distribución de utensilios y semillas para el cultivo, formación para que los campesinos conozcan técnicas de cultivos más rentables, reforestación, vacunación del ganado y ayudar a escuelas donde en cada aula hay una media de 134 niños. Cáritas Chad está encargado de la gestión de tres de los 12 campos de refugiados donde, según datos del ACNUR, hay 236.000 refugiados. En estos tres campos –Kounougou, Mile y Farchana- viven 55.000 personas, lo que representa el 21% de esta población. La población local de acogida también tiene grandes necesidades debido al desgaste de las tierras de cultivo, las cosechas exiguas y los conflictos internos, sobre todo el creciente banditismo. La reciente llegada de la fuerza de paz de la Unión Europea (EUFOR) ha proporcionado una cierta protección. Además de la ayuda humanitaria más inmediata, Cáritas Chad, que preside el obispo misionero español Miguel Ángel Sebastián, proporciona también microcréditos y cursos de educación sobre la cultura de paz a las poblaciones que viven en el Este del país. A pesar de las conversaciones de paz mantenidas a lo largo del año pasado entre representantes del gobierno de Jartum y los dos principales grupos rebeldes, no se vislumbra una paz estable a corto plazo. Desde febrero de este año ha tenido lugar una nueva escalada de violencia debida a la fragmentación de los grupos armados y la hostilidad entre los dos países, Chad y Sudán, cada uno de cuyos gobiernos apoya a los rebeldes de la nación vecina. Esto ha provocado la llegada de 12.000 refugiados más, y el flujo sigue. Cáritas Chad recuerda que el conflicto de Darfur, que dura ya cinco años, ha causado 250.000 muertos y más de dos millones de desplazados entre Sudán y Chad. En este momento esta crisis está algo más relegada al olvido por parte de la comunidad internacional, que actualmente dirige su atención a otros lugares. Esto hace que la ayuda humanitaria esté disminuyendo.
Entrevista con el obispo español Miguel Angel Sebastián, presidente de Cáritas Chad“Queremos que los pobres sean los protagonistas de su desarrollo, no nosotros”. Con esta convicción resume monseñor Miguel Ángel Sebastián el papel de Cáritas en Chad, uno de los países más pobres del mundo. Obispo desde 1988 de la diócesis de Lai, en el sur del país, este misionero comboniano nacido en Zaragoza hace 57 años se considera africano por los cuatro costados después de 31 años pasados “al lado de la gente” en esta nación azotada por una sucesión de guerras desde hace tres décadas. Protección de los refugiados sudaneses de Darfur Como presidente de Cáritas Chad, monseñor Sebastián coordina las actividades de Cáritas de varios campos de refugiados situados en el Este del país, donde algo más de 300.000 personas han huido de la guerra de Darfur. Cáritas administra tres de estos campos que están bajo protección del ACNUR. “Gracias a la colaboración de las Cáritas de varios países, entre ellos España, podemos llevar a cabo nuestro programa de emergencia”, afirma este obispo misionero, al tiempo que matiza que la acción socio-caritativa de la Iglesia --“no olvidemos que es uno de sus tres pilares”, subraya-- tiene que ir más allá de la asistencia inmediata y “promover todo lo que ayude a la gente a vivir con paz, justicia y dignidad”. Los refugiados sudaneses de Darfur llegaron hace algo más de tres años al Este del Chad, una conflictiva zona cruce de caminos de rebeldes y soldados de ambos países, donde desde hace varios meses se inició el despliegue de una fuerza de paz de la Unión Europea para garantizar su protección. Pero, a veces, los conflictos pueden surgir también de la convivencia diaria con la población local. Este obispo español sabe que es un problema que hay que afrontar con serenidad: “Cuando los refugiados llegaron –explica--, la población local les acogió bien y con simpatía, pero como muchos de ellos llegaron con sus ganados, al pasar el tiempo la gente ha visto que han contribuido a la desertificación, el empobrecimiento de los suelos y la escasez de pastos en unas tierras donde ya de por sí llueve poco. Por eso en Cáritas siempre queremos que una parte del programa de ayuda beneficie a las comunidades de acogida, ya que si no lo hacemos, éstas, además de los efectos negativos sobre sus cultivos, ven que las ONG ayudan mucho a los que han venido de fuera, mientras que ellos se quedan al margen, lo que crea un malestar que puede llegar a estallar”. Ayuda de emergencia y desarrollo a largo plazo Estas ayudas no sólo se centran en la distribución de víveres, que puede considerarse como una actividad de emergencia, sino también en un programa más a largo plazo. Como indica monseñor Sebastián, “Cáritas también perfora pozos de agua potable, apoya a los agricultores con cursos de formación y distribución de semillas, y nos ocupamos también de programas de educación en los campos de refugiados y las comunidades locales”. En sus 31 años como misionero en Chad, el presidente de Cáritas en ese país, ha visto de todo. Y con su sinceridad de aragonés que habla claro y directo, confiesa que no todo le gusta. “Sobre todo los que quieren hacer experimentos con los africanos”, sentencia. Y es que monseñor Sebastián, al mismo tiempo que agradece profundamente a los donantes de su diócesis su generosidad, no oculta que “a veces se encuentra uno con financiadores que, tal vez con buena voluntad, quieren que hagamos las cosas como ellos desean para probar si sus nuevas ideas pueden tener éxito sobre el terreno”. A eso llama él “querer hacer experimentos”. Miguel Ángel Sebastián aprendió mucho de los chadianos durante sus primeros años como misionero “alrededor del fuego, por la noche, oyendo hablar a la gente en su lengua de sus problemas reales”. Por eso, está convencido de que el desarrollo tiene que partir de escuchar a las personas, y la mayor parte de los 650.000 habitantes de su diócesis son agricultores. Por eso, los programas de desarrollo integral impulsados por Cáritas prestan una gran atención a los campesinos. “Les ayudamos a organizarse en cooperativas –señala-- y a recibir cursos de formación que puedan ayudarles a mejorar la producción de arroz, la ganadería y la gestión de granjas avícolas”. La educación de la juventud es otro de los componentes de la acción socio-caritativa en su diócesis, que dirige diez escuelas primarias y un colegio de enseñanza general y técnica llevado adelante por una comunidad de hermanos de La Salle cameruneses. Asimismo, uno de los proyectos que ha cuidado más en su diócesis es un hospital con 75 camas, que presta una atención sanitaria de calidad a una vasta población. “Hacer que este hospital funcione a diario necesita una financiación continua, ya que con lo que la gente contribuye no podemos pagar al personal, comprar medicamentos y mantener las estructuras”, recuerda monseñor Sebastián. Lucha contra el SIDA Como ocurre en otros países africanos, desde hace varios años el SIDA es, como subraya el presidente de Cáritas Chad, “un obstáculo mayor al desarrollo de la persona”. La diócesis de Lai se ocupa de este tema con un programa que incluye actividades de sensibilización de personas en grupos de riesgo, así como tratamiento con antirretrovirales que reciben gratuitamente del Gobierno. “Además, ayudamos a los seropositivos y los enfermos de SIDA con alimentos que les ayudan a mantenerse sanos y medicamentos para hacer frente a las enfermedades oportunistas. También damos apoyo escolar a más de 200 huérfanos y ayudamos a las madres seropositivas para que alimenten a sus bebés con lactancia artificial, para evitar la transmisión del virus”. Entre los últimos proyectos puestos en marcha por esta diócesis del sur de Chad están varias acciones a favor de los disminuidos físicos y de los niños de la calle, una realidad que va en aumento. Todo un volcán de actividades a favor de los más desfavorecidos, que requiere una buena financiación y mejor administración. Para llevar adelante esa importante labor de opción por los último y no atendidos en Chad, monseñor Sebastián lleva varios años recibiendo la ayuda generosa de donantes privados y de la Confederación Cáritas Española. “Afortunadamente –concluye con una sonrisa cómplice el prelado-- ninguno de sus ellos son aficionados a los experimentos”.
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